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Monday, December 12, 2005

Carama - Poemas


Igor Barreto
Originally uploaded by CarLeo.

Sobre Carama, la Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro del Estado Apure, nos dice en su publicaciòn lo siguiente:

IGOR BARRETO SE AFIANZA EN EL PAISAJE Y SUJETA

ENTRE SUS MANOS UN ARBOL LLAMADO "CARAMA" -

Libro trenzado de gritos de ahogados y graves rituales.

En los últimos años, por no decir, si fuese válida la expresión,

"hace tres libros ya" que Igor Barreto lo apuesta todo por

el paisaje:

así el llano y las aguas de Apure impregnan el cuaderno de viaje

que titulara Crónicas llanas y el eco de la meditación mística

se escucha en Tierranegra.

Con Carama salen a flote no sólo los ahogados, los suicidas,

los caimanes que pueblan el fondo de los ríos, emerge también

la historia de San Fernando con una escritura que linda entre

el poema narrativo con tono elegíaco y la crónica,

ora real, ora imaginaria.

Fuente: Sociedad de Amigos del Santo Sepulcro. San Fernando de Apure, 2000.


Carama
(fragmento)


Vi a los otros, y esa luz
en sus ojos cerrados era una costra de serenidad.
¡Virgen de las siete piedras, se quedaron dormidos!
¿Qué se hizo el aguaviento y la palmera doncella
mientras la vida era bañada por un gélido escozor?
Las hojas cayeron
al pie del árbol del "he llegado".
Tan fríos estaban
que casi sentí su color azul en la yema de mis dedos.
Allí quedó el vendedor de biblias
con los ojos nublados como escama de pez;
traía una botella de ron blanco en el bolsillo de su pantalón,
donde guardaba también unas monedas.
Allí quedó Antonio José Orasmas
vestido de caqui, de pie
bajo el madroño,
con fusil y charreteras de cincuenta balas
y un cuchillo cacha de venado
y su sombrero
de pluma colombiana de gavilán
colocada en la cinta de la copa.
Y en la barranca más cercana
los pasajeros de un vapor
que extendían sus manos a la orilla
para tomar algunos frutos
se quedaron inmóviles,
suspendidos en una calina entumecida.
Dime luna, ¿qué haces en el cielo?,
tus zarcillos de plata negra
colocan sus rosas
contra mi sudor.
Pasaron cien, doscientos instantes secándome la boca,
y por última vez
miré la fachada
de la antigua casa de gallos Los Marañones,
en el friso habían pintado un ave
que sostenía en sus patas una copa licorera
y debajo la inscripción
que apenas podía leer:
Brindo por todas las aves.
Yo tenía un mapa de esta ciudad,
mi corazón de recién llegado
lo fue trazando en el enlucido de las ventanas.
San Fernando, aquella ciudad pequeña como Martinica.
Hoy, mis palabras se han excluido.
El paisaje ha desarmado sus piezas
y el árbol y un trozo de río
han vuelto a ser sólo partes.
Hay un punto de llanto,
una mancha blanca
que ha tomado el lugar del todo armónico.
Aquí estoy entre la utilería de antiguas representaciones.
En las noches, cuando recuerdo a ciegas un lavamanos
suelo beber un tazón de leche
para matar el tedio.
Sólo el oído trae noticias de tiempos que desconozco,
el oído es mi salvación:
Laguna de Mateo, campos de La Baisera,
Mata de Santa María, Mata de Sánchez,
Mata de Gutiérrez, cementerio de Cunaguaro,
cerros de Aragualluna, lagunazo del Congrio Solo,
caminos de Las Camazas, caño Las Hormigozas,
ora pro nobis, ora pro nobis…


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